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El “síndrome de puerta a puerta”:
Cuando la adicción y la salud mental se tratan por separado, el sistema empuja a la recaída. Una reflexión sobre el “síndrome de puerta a puerta” en patología dual y la necesidad de integrar para que la recuperación sea posible.
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No hace falta consumir drogas para que el cerebro se vuelva adicto.
En la era de los picos, la dopamina no distingue entre éxito, likes o drogas. Cuando el cerebro se satura, lo que antes vibraba ya no llena. A partir de Buenafuente, una reflexión sobre quemarse, tolerancia y cómo volver a sentir desde lo esencial.
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Cómo escribir un chiste (y por qué en terapia hacemos exactamente lo mismo)
Un texto que compara la estructura de un chiste con el proceso terapéutico: en ambos casos empezamos por la superficie —la premisa— y terminamos descubriendo una verdad más profunda —el remate. Con humor, vulnerabilidad y una mirada humana, se explora cómo la risa y la terapia nacen del mismo sitio: la verdad que no veíamos venir. Un recordatorio de que, a veces, reír es la forma más amable de mirar lo que duele.
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¿Conductas de riesgo o simple rebeldía? La línea que muchos padres no ven.
Una reflexión honesta sobre esa delgada línea que separa la rebeldía adolescente de las conductas que deberían encender una alarma. Un texto que invita a madres y padres a mirar más allá de los portazos y recordar que, muchas veces, las señales están ahí… solo que nadie se atreve a nombrarlas.
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El precio de actuar tarde
Muchos padres confunden señales de alarma con “cosas de la edad”. Dos casos reales muestran cómo intervenir tarde tiene un coste emocional, familiar y económico: ansiedad no tratada, consumo, trastornos alimentarios y años de recuperación. Un recordatorio claro: detectar a tiempo puede evitar caídas mucho más profundas.
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Terapia de aventura
Un chaval resumió la terapia de aventura en una frase: “Aquí no me puedo esconder”. Cuando la terapia tradicional deja de funcionar, este enfoque utiliza naturaleza y acción para romper la desconexión, desbloquear emociones y recuperar el vínculo. Un método con décadas de evidencia que está transformando a jóvenes cuando nada más lo hace.
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¿No te pasa que a veces tu hijo parece un inquilino silencioso?
Cuando un adolescente deja de hablar, ese silencio puede ser una señal de alarma. Cambios de humor, aislamiento, hiperconexión o pérdida de interés pueden indicar más que “cosas de la edad”. Este texto invita a detectar señales sin miedo y a acompañar desde la presencia, no desde el control: estar ahí, incluso cuando ellos no saben explicar qué les pasa.
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La comedia me salvo la vida
Durante más de 20 años viví atrapado en el consumo, ocultándolo todo tras una falsa normalidad. La comedia apareció como el primer paso para dejar de esconderme y transformar el dolor en conciencia. Hoy, formado y en recuperación, acompaño a otros desde la experiencia real, combinando humor, verdad y trabajo terapéutico para demostrar que salir se puede.
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A veces el dolor no grita. Se esconde.
El dolor de muchos jóvenes no se ve: se esconde en conductas que etiquetamos como rebeldía. Yo también estuve ahí y aprendí que detrás casi siempre hay una petición de ayuda que nadie sabe escuchar. Esta reflexión invita a mirar sin juicio, acompañar con compasión y abrir diálogo real. La recuperación es posible, y ningún padre o educador tiene que afrontarlo solo.
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Adolescencia: lo normal y lo que ya preocupa
La adolescencia es caótica, pero hay señales que no son “cosas de la edad”. Cuando la tristeza, el aislamiento o el “me da igual todo” se mantienen en el tiempo, pueden indicar un malestar profundo. Esta reflexión ayuda a distinguir lo normal de lo preocupante y recuerda que detectar a tiempo puede cambiar la trayectoria de un joven.
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Cuando el consumo entra en casa, nunca lo hace solo.
El consumo de un hijo nunca afecta solo a él: se filtra en la familia, desgasta vínculos y convierte la casa en un modo supervivencia. Esta reflexión muestra por qué la recuperación real implica sanar también el entorno y reconstruir puentes. Un mensaje para quienes se sienten perdidos: no hay que hacerlo solo; pedir ayuda es el primer paso para empezar a recomponer la familia.
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Ansiedad en adolescentes: cuando escuchar vale más que cualquier consejo
Un chaval de 15 años confesó que quizá tiene ansiedad, pero no sabe cómo decirlo sin parecer “raro”. No pedía un diagnóstico, sino alguien que le escuchara sin juicio. Este texto muestra cómo muchos adolescentes viven desbordados y en silencio, y por qué acompañar sin prisa ni presión puede ser el primer paso para que vuelvan a abrirse.
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