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La comedia me salvo la vida

Durante muchos años viví atrapado en una espiral que me alejaba cada vez más de mí mismo. 

Quien me veía desde fuera probablemente pensaba que todo iba bien: sonrisas, aparente normalidad, incluso algún que otro chiste para aligerar el ambiente. Pero por dentro me sentía roto. 

Pasé más de 20 años luchando con problemas de consumo. En silencio. Sin pedir ayuda. Convencido de que podía con todo. Me repetía frases como “esto lo controlo” o “es solo una etapa”. Pero no era así. Poco a poco, la vida se me fue desordenando: relaciones, trabajo, autoestima… y lo peor de todo, mi identidad.

Y justo cuando pensaba que ya no quedaba nada por recuperar, apareció algo inesperado: la comedia. 

No fue un camino inmediato ni mágico, pero fue real. Subirme a un escenario por primera vez, contar mi historia con honestidad y escuchar la risa al otro lado fue el primer paso para dejar de esconderme.

Porque reír no significa banalizar. Reír también puede ser una forma de aceptar, de soltar y de sanar.

La comedia se convirtió en una manera de transformar el dolor en conciencia. De ponerle luz a lo que durante años había escondido. De mirarme de frente sin juzgarme. Y, sobre todo, de conectar con otras personas que también vivían sus propias batallas.

No soy psicólogo clínico. Pero sí soy alguien que ha pasado por un proceso profundo de transformación personal y que, con los años, se ha formado para acompañar a otros desde un lugar diferente: el de la experiencia real.

Hoy combino mis conocimientos como terapeuta ocupacional especializado en consumo con mi trabajo como cómico y comunicador.

Doy charlas, imparto talleres, subo a escenarios y hablo desde un lugar sincero y directo. Porque sé lo que se siente. Y sé que se puede salir.



 
 
 

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