Cómo escribir un chiste (y por qué en terapia hacemos exactamente lo mismo)
- Alejandro Boli
- 18 nov 2025
- 2 Min. de lectura
Hay gente que piensa que escribir un chiste es cosa de genios.
Yo pienso que escribir un chiste es cosa de humanos heridos tratando de sobrevivir al mundo sin tirarse por un balcón.
Pero vayamos por partes.
La premisa: lo que parece que está pasando
En comedia, la premisa es la realidad aparente:
"Ayer fui al psicólogo…"
La premisa es esa parte del chiste donde el público dice:
"Ok, esto lo entiendo. Esto soy yo".
En terapia pasa igual: empiezas contando lo que crees que te pasa. La superficie.
Pero la superficie casi nunca es la verdad completa. Es solo el envoltorio de Amazon donde dentro viene un trauma que no pediste pero que te han enviado igual.
El remate: lo que realmente estaba pasando, es la puñalada cómica.
La sorpresa que el cerebro no vio venir.
Premisa: "Mi madre me llamó para decirme algo serio."
Remate: "Era para decirme que Mercadona ha cambiado el horario. Prioridades."
El humor rompe la expectativa.
Y la risa aparece porque entendemos, de golpe, una verdad que estaba escondida.
En terapia pasa exactamente lo mismo:
Empiezas contando una cosa… y acabas descubriendo otra.
"Creía que el problema era mi jefe..."
"Y resulta que era la herida de infancia en forma de PowerPoint."
Ambas cosas, risas y lágrimas, nacen del mismo sitio:
La verdad que no veíamos venir.
El humor no cura, pero…
Pero sí te da algo muy terapéutico. Perspectiva emocional sin que te duela.
Y a veces, antes de cambiar, solo necesitamos reírnos un rato de la vida para poder sostenerla.
Si quieres que analice tus chistes, tus miedos o tus ganas de mandar todo a la mierda, aquí estoy.
Y si en tu empresa necesitáis hablar de emociones sin dormir a nadie, tenemos que hablar.






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