El “síndrome de puerta a puerta”:
- Alejandro Boli
- 23 dic 2025
- 2 Min. de lectura
Hay personas que no recaen por falta de voluntad. Recaen porque el sistema las obliga a llamar a demasiadas puertas.
En patología dual, a esto lo llamamos “síndrome de puerta a puerta”.Y no es una etiqueta más. Es una realidad que he visto repetirse demasiadas veces.
Durante años —y en algunos sitios todavía hoy— el sistema no supo, o no quiso, asumir algo clave:
¿La adicción es consecuencia de un trastorno mental?¿O el trastorno aparece como resultado del consumo?
Esta duda teórica tuvo una consecuencia práctica devastadora: tratarlo todo por separado.
El peregrinaje interminable
Y entonces empezaba el viaje:
del recurso de adicciones al de salud mental
del psiquiatra al centro de desintoxicación
de un profesional a otro
Siempre con el mismo mensaje, disfrazado de protocolo:
“Esto no es lo nuestro. Primero arregla lo otro.”
Así nace el puerta a puerta.
No por falta de ganas.No por falta de compromiso.No por falta de esfuerzo del paciente.
Sino por un sistema fragmentado intentando resolver un problema que no está fragmentado.
Las consecuencias reales
El resultado lo conocemos todos los que trabajamos en este ámbito:
altas prematuras
recaídas constantes
frustración acumulada
sensación de fracaso personal
Cuando, en realidad, el fracaso nunca fue de la persona.
Lo que hoy sabemos
Hoy tenemos algo claro:
la adicción y el trastorno mental se retroalimentan
muchas veces no importa qué fue primero
lo crucial es tratarlos juntos, al mismo tiempo y en la misma dirección
Cuando eso no ocurre, aparece el síndrome:
Mucho movimiento.Muchas derivaciones.Muchas puertas abiertas.Muchos informes.
Pero…
ningún proceso sostenido
ningún hilo conductor
ninguna oportunidad real de recuperación
Integrar o seguir perdiendo personas
La patología dual no se resuelve derivando. No se soluciona pasando el caso a otro despacho.
Se aborda integrando. Mirando a la persona como un todo. Con equipos que trabajen juntos. Con un plan común. Y con tiempo real para sostener procesos que no son rápidos.
Porque cuando el sistema empuja a la recaída, no es la persona la que falla. Es el camino que le hemos puesto delante.






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