“Está mucho mejor que la última vez”
- Alejandro Boli
- 3 mar
- 2 min de lectura
Hace unos meses me llamó la hermana de uno de mis chicos.
No lloraba. No gritaba. Estaba cansada.
Cansada después de más de 20 años de comportamiento adictivo de su hermano. Cansada de promesas. Cansada de ciclos que empiezan y terminan igual.
Me dijo algo que me dejó pensando:
“Va al psicólogo cada dos meses y siempre le dicen que está mucho mejor que la última vez.”
Y ahí entendí el problema.
No era solo el consumo. Era el espejismo.
Un adicto activo no siempre miente. Pero aprende a contar la historia que le conviene.
Dice lo justo.
Muestra el arrepentimiento necesario.
Explica avances superficiales.
Y si el seguimiento es cada dos meses… si nadie contrasta con la familia… si no hay evaluación continua…
El profesional escucha una versión editada.
La adicción no es individual. Es sistémica. Se mete en la economía familiar. En la pareja. En los padres. En los hermanos.
La familia desarrolla ansiedad, culpa, hipervigilancia y desgaste crónico.
Pero el mensaje oficial suele ser:
“Está mejor que la última vez.”
¿Mejor comparado con qué?
Porque “un poco menos mal” no es recuperación. Sin seguimiento continuo no hay diagnóstico real.
En fases iniciales, el acompañamiento frecuente no es un lujo. Es básico.
Hay que contrastar. Escuchar al entorno. Observar conducta, no solo discurso.
Porque el discurso cambia en una sesión. La conducta no.
La pregunta incómoda es esta:
Si llevas años escuchando que “está mejor”… ¿La dinámica familiar está mejor?, ¿La tensión ha bajado?, ¿La confianza ha vuelto?,¿O simplemente os habéis acostumbrado a sobrevivir?
La recuperación real incomoda. Exige frecuencia. Exige verdad. Exige trabajar también con la familia.
No se trata de estar mejor que la última vez.
Se trata de estar realmente bien.






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